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20 dic. 2017

Las personas que últimamente he conocido han sido contagiadas con una enfermedad (de la cual soy inmune) que se llama 'impersonalidad'.

Esta enfermedad muestra síntomas a partir de los 2 días (a veces menos), o a veces años, así como el SIDA, de haber mantenido contacto conmigo; basta con haber sido comunicativo (una charla), o al haber leído/escuchado/etc. algo en lo que yo haya tenido que ver de manera considerable, o bien, haya creado por completo.

Otros nombres comunes son 'indiferencia' o 'ah, Omar/Carlos/cualquier otro nombre que no sea el mío'.

La principal diferencia entre 'desinterés' es que 'impersonalidad' actúa de manera más profunda, propiciando el completo olvido de mi persona. El 'desinterés' aún permite la existencia del sujeto, aunque sea para viborear.

Una vez afectado, tan sólo queda controlarlo. El principal plan de acción es no volver a mantener contacto conmigo, principalmente el que importa; likes y todo éso fungen como placebos sólamente. No importa si habían planes, o si mi mensaje en WhatsApp o Facebook están aún resaltados; simplemente 'se olvida'.

La manera en la que actúa dicha enfermedad es la siguiente:


  • Interesantemente, el sistema inmune 'presiente' el inexorable contagio, por lo que apacigua el interés por mí poco a poco hasta transmutarlo en olvido.

  • A la primer infinitésima de segundo del contacto, comienza a actuar el virus. Principales síntomas son: responder 'sí/no/qué chido' y posteriormente preguntar '¿de qué hablabas?'; los ojos comienzan a divagar en todos lados menos en mí; refunfuño y ansiedad por no saber cómo alejarse de mí e irse con alguien más ajustado a sus necesidades e intereses; comienza a oler a pun.

  • Una vez que se ha contagiado y asimilado el virus, éste ataca los recuerdos de largo plazo donde mi presencia se encuentre, sean auditivos, visuales, olfativos, etc.

  • El virus, al haber borrado dichos recuerdos, comienza a reemplazarlos con memorias 'aversivas' contra mí.

  • El sujeto contagiado termina alejándose de mí por asco, miedo, o bien, simple aburrición, derivado de dichas memorias nuevas.

Reiterando, no hay cura; sólo control. Una vez que alguien me conoce, no podrá salir. Ambos nos condenamos a una eternidad de indiferencia y saludos torpes, dado que no fui la persona que esperaba y no atisba algún mínimo interés en que yo cambie para agradarle. Es decir, le contagié una enfermedad que no se puede curar.